Con el aumento de las temperaturas, crecen los casos de picaduras de alacranes. Especialistas insisten en reforzar la prevención en los hogares para reducir riesgos, especialmente en niños y personas mayores.
La llegada del verano y del calor intenso incrementa la presencia de alacranes en zonas urbanas y domicilios. Así lo advirtió María Eugenia Vittori, directora de Epidemiología de Córdoba, quien remarcó que la mayoría de las picaduras se producen por contacto accidental y pueden evitarse con medidas simples de prevención.
Entre las recomendaciones centrales se destaca revisar y sacudir calzados, ropa y prendas de cama, sobre todo si estuvieron en el piso. También se aconseja alejar las camas de las paredes, evitar caminar descalzo y extremar cuidados al manipular cajones, estantes o cajas sin revisar su interior.
En el interior de las viviendas, la prevención se apoya en barreras físicas: colocar rejillas sanitarias en desagües, burletes o mosquiteros en puertas y ventanas, y sellar grietas en paredes, pisos y techos. Además, es clave controlar cañerías, cámaras subterráneas y espacios oscuros y húmedos, que suelen ser refugio habitual de estos animales.
En patios y espacios peridomiciliarios, el ordenamiento ambiental resulta fundamental. Evitar acumulación de escombros, leña, hojarasca o materiales de construcción reduce la presencia de insectos como cucarachas, principal alimento de los alacranes. La fumigación, según los especialistas, no es efectiva si no se acompaña de limpieza y control estructural.
Ante una picadura, se debe acudir de inmediato a un centro de salud. Los síntomas pueden ir desde dolor y ardor hasta manifestaciones más graves como taquicardia o dificultad respiratoria, especialmente en niños. Siempre que sea posible, se recomienda llevar el alacrán para facilitar su identificación y definir el tratamiento adecuado.
