El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) ratificó que el trimestre enero–marzo estará signado por temperaturas superiores a lo normal en gran parte del país, aunque con precipitaciones estratégicas en las principales zonas agrícolas, un combo que obliga a extremar el manejo de cultivos y ganadería.
El último pronóstico trimestral del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) confirma un escenario climático desafiante para el agro argentino durante los meses de enero, febrero y marzo. El informe anticipa condiciones de calor intenso y sostenido en la mayor parte del territorio nacional, especialmente en la región pampeana, la región núcleo y el centro-norte de la Patagonia.
Desde el punto de vista productivo, el aumento de las temperaturas por encima de los valores históricos incrementará la demanda atmosférica de humedad, lo que podría acelerar la pérdida de agua en los perfiles de suelo. En este contexto, el monitoreo del estrés térmico en los cultivos de gruesa —soja y maíz principalmente— será determinante para sostener los rindes proyectados.
En las regiones del NOA y el extremo sur del país, el SMN prevé temperaturas más cercanas a los promedios históricos o levemente superiores, un escenario algo más benigno en términos térmicos.
Lluvias: un patrón desigual pero con alivio regional
En materia de precipitaciones, el informe destaca una distribución heterogénea, que obliga a un seguimiento fino por zona y por establecimiento productivo.
En la región núcleo y el centro del país, las lluvias se ubicarían dentro de los valores normales. Si bien este comportamiento es positivo, la combinación con altas temperaturas podría traducirse en una mayor evapotranspiración, ajustando las reservas hídricas en momentos críticos del ciclo de los cultivos.
Por su parte, el NOA y el extremo sur patagónico presentan una perspectiva más favorable, con probabilidades de precipitaciones superiores a lo normal. Este escenario podría beneficiar tanto el desarrollo de las campañas agrícolas regionales como la disponibilidad de forraje y pasturas en sistemas ganaderos.
Mayor humedad y riesgo sanitario
Otro punto relevante del informe es la mayor presencia de humedad ambiental prevista para el verano. Esta condición, si bien puede aliviar el estrés hídrico, también eleva el riesgo de enfermedades fúngicas en cultivos, lo que exigirá un manejo sanitario más ajustado y monitoreos frecuentes en los lotes.
En síntesis, el trimestre estival se perfila como un período de altas exigencias climáticas, donde el manejo oportuno del agua, la sanidad y el estrés térmico serán claves para sostener la productividad del agro argentino.
