El anuncio de un arancel general del 15% por parte de Estados Unidos generó preocupación en sectores exportadores argentinos. Aunque algunos productos quedarían exceptuados, aún hay dudas sobre el alcance real de la medida y su impacto en carnes, vinos, frutas y economías regionales.
La decisión del presidente estadounidense, Donald Trump, de aplicar un arancel general de hasta el 15% a las importaciones bajo la Sección 122 de la Trade Act de 1974 encendió alertas entre los exportadores argentinos, que ahora deberán atravesar un período de al menos 150 días marcado por la incertidumbre regulatoria.
La medida, de carácter transitorio, permanecerá vigente mientras el Congreso de Estados Unidos evalúa si la ratifica, la modifica o la deja sin efecto. Más allá del impacto económico inmediato, el cambio introduce un nuevo escenario jurídico luego del reciente fallo de la Corte Suprema estadounidense que limitó el uso de leyes de emergencia para imponer gravámenes comerciales.
Un arancel temporal, pero generalizado
La proclamación oficial establece inicialmente un arancel del 10%, aunque el propio mandatario anticipó que se elevaría al 15%, el máximo permitido por la Sección 122, una herramienta que habilita medidas comerciales excepcionales por un período acotado.
A diferencia del intento previo —basado en la International Emergency Economic Powers Act (IEEPA) de 1977, cuestionado judicialmente— esta normativa sí contempla explícitamente la aplicación de aranceles, aunque exige negociación posterior con el Congreso.
Según explicó Fernando Landa, presidente de la Cámara de Exportadores de la República Argentina (CERA), el esquema tendría alcance global y aplicaría a todos los países, aunque con excepciones puntuales.
Qué productos quedarían afuera y cuáles en riesgo
Entre las posiciones inicialmente exceptuadas figuran algunas vinculadas a la carne bovina, además de yerba mate y té, mientras que productos clave como el oro y el petróleo —principales envíos argentinos al mercado estadounidense— continuarían sin cambios.
Sin embargo, otros complejos exportadores quedarían alcanzados por el nuevo derecho:
- Limones
- Miel
- Vinos
- Aceite de oliva
- Diversas economías regionales
La principal incógnita pasa por cómo convivirá este nuevo arancel con acuerdos comerciales bilaterales ya vigentes, especialmente en el caso de cuotas específicas negociadas entre ambos países.
Fuentes vinculadas a las negociaciones señalaron que existe la posibilidad de que los cupos acordados previamente queden exceptuados, aunque la falta de definiciones oficiales mantiene la cautela entre frigoríficos y exportadores.
Impacto desigual según el sector
Desde el Comité Argentino de Arándanos advirtieron que la medida tendrá efectos, aunque podría neutralizarse parcialmente si se aplica de manera uniforme a todos los proveedores internacionales.
El sector frutícola observa con atención cómo se compatibilizará el nuevo esquema con aranceles preexistentes, ya que algunas producciones operaban con tasas reducidas o incluso arancel cero.
En la actividad vitivinícola, la incertidumbre es mayor. Desde la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar) reconocieron que aún no existen precisiones sobre si el vino quedará definitivamente alcanzado por el gravamen, lo que podría afectar la competitividad en uno de los mercados premium más relevantes para la industria.
La industria pesquera, en tanto, anticipó un escenario más complejo. Empresarios del sector señalaron que el nuevo arancel se suma a los derechos de exportación vigentes en Argentina, incrementando la presión sobre la rentabilidad.
El caso sensible del limón argentino
Uno de los productos más expuestos sería el limón. Hasta ahora ingresaba al mercado estadounidense con arancel cero, pero con la aplicación de la Sección 122 podría enfrentar el recargo adicional durante el período de vigencia de la medida.
Especialistas en comercio exterior advierten que, al tratarse de un arancel aplicado por país y no por producto, el impacto se produciría independientemente del nivel de competencia con la producción local estadounidense, un factor históricamente sensible en los estados productores.
Volatilidad regulatoria y cautela empresarial
El principal factor de preocupación entre exportadores no es solo el arancel en sí, sino la volatilidad normativa. Las empresas deberán tomar decisiones comerciales en un contexto donde las reglas podrían modificarse nuevamente en pocos meses.
Durante los próximos 150 días, el comercio bilateral quedará sujeto a negociaciones políticas y legislativas en Washington. Hasta entonces, el sector exportador argentino seguirá operando con un escenario abierto, donde la competitividad dependerá tanto de definiciones regulatorias como de la evolución de los precios internacionales.
