Treinta años después del último intento oficial, provincias productoras vuelven a plantear una política para diferenciar el trigo argentino según calidad panadera. Buscan captar mejores precios internacionales y evitar que la producción premium se diluya en exportaciones genéricas.
Después de más de tres décadas sin políticas activas orientadas a mejorar la calidad del trigo argentino, la discusión vuelve a instalarse en la agenda pública. La Región Centro —integrada por Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos— presentó una iniciativa para recuperar la segregación del cereal según sus atributos industriales y comerciales, con el objetivo de dejar atrás el esquema de exportación indiferenciada que domina actualmente el mercado.
La propuesta apunta a actualizar el marco normativo vigente desde la Resolución 261/1995, que definió parámetros de calidad para el trigo pan y representó el último intento estatal por incentivar la producción de variedades con mejor aptitud panadera.
Un debate que regresa tras 30 años
Desde entonces, distintos factores fueron debilitando cualquier estrategia de diferenciación. Las intervenciones comerciales aplicadas durante los años 2000, sumadas a cambios tecnológicos y la adopción de materiales genéticos orientados principalmente al rendimiento, terminaron desplazando el enfoque en calidad.
El resultado fue un modelo productivo donde gran parte del trigo argentino se comercializa como grano genérico, mezclado en grandes acopios sin segmentación, lo que tiende a igualar los precios hacia abajo incluso cuando existen lotes con características superiores.
Mientras países competidores como Canadá o Australia desarrollaron sistemas de clasificación y segregación que les permiten capturar primas de valor, Argentina quedó rezagada en la diferenciación comercial del cereal.
La propuesta de la Región Centro
El Ministerio de Desarrollo Productivo de Santa Fe anticipó que elevará formalmente el planteo ante el Ministerio de Economía de la Nación, bajo cuya órbita funciona la Secretaría de Agricultura.
La presentación será oficializada mediante una nota firmada por el ministro santafesino Gustavo Puccini junto a sus pares de Córdoba, Sergio Busso, y de Entre Ríos, Guillermo Bernaudo, en representación del Gabinete Productivo regional.
El pedido central consiste en actualizar un marco regulatorio considerado obsoleto y avanzar hacia la definición de parámetros modernos para el “trigo de especialidad”, que permitan su acondicionamiento bajo estándares de calidad, trazabilidad y homogeneidad destinados a mercados específicos.
La iniciativa cobra especial relevancia tras la cosecha récord estimada en 28 millones de toneladas para la campaña 2025/26, que presenta heterogeneidad en calidad. Sin un sistema de segregación, el grano termina comercializándose al valor del lote de menor calidad.
Más valor agregado y mejores precios
Desde las provincias sostienen que diferenciar el trigo permitiría responder mejor a la demanda de la industria molinera internacional y evitar pérdidas económicas derivadas de vender producción premium como commodity.
El modelo propuesto toma como referencia la experiencia canadiense, donde el trigo diferenciado constituye un pilar estratégico de generación de divisas.
Según estimaciones técnicas respaldadas por la Mesa Nacional del Trigo y la Bolsa de Comercio de Rosario, avanzar hacia esquemas de calidad podría incrementar entre 15% y 20% el ingreso de divisas por tonelada exportada.
Obstáculos normativos y casos concretos
Uno de los principales problemas señalados por el sector es la falta de adecuación normativa para quienes ya trabajan con esquemas de identidad preservada.
Como ejemplo, se mencionó el caso de Molino Matilde SA, especializado en segregación y calidad, que enfrenta exigencias cambiarias y plazos de liquidación incompatibles con la logística de exportación en contenedores.
Después de más de tres décadas sin políticas activas orientadas a mejorar la calidad del trigo argentino, la discusión vuelve a instalarse en la agenda pública. La Región Centro —integrada por Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos— presentó una iniciativa para recuperar la segregación del cereal según sus atributos industriales y comerciales, con el objetivo de dejar atrás el esquema de exportación indiferenciada que domina actualmente el mercado.
La propuesta apunta a actualizar el marco normativo vigente desde la Resolución 261/1995, que definió parámetros de calidad para el trigo pan y representó el último intento estatal por incentivar la producción de variedades con mejor aptitud panadera.
Un debate que regresa tras 30 años
Desde entonces, distintos factores fueron debilitando cualquier estrategia de diferenciación. Las intervenciones comerciales aplicadas durante los años 2000, sumadas a cambios tecnológicos y la adopción de materiales genéticos orientados principalmente al rendimiento, terminaron desplazando el enfoque en calidad.
El resultado fue un modelo productivo donde gran parte del trigo argentino se comercializa como grano genérico, mezclado en grandes acopios sin segmentación, lo que tiende a igualar los precios hacia abajo incluso cuando existen lotes con características superiores.
Mientras países competidores como Canadá o Australia desarrollaron sistemas de clasificación y segregación que les permiten capturar primas de valor, Argentina quedó rezagada en la diferenciación comercial del cereal.
La propuesta de la Región Centro
El Ministerio de Desarrollo Productivo de Santa Fe anticipó que elevará formalmente el planteo ante el Ministerio de Economía de la Nación, bajo cuya órbita funciona la Secretaría de Agricultura.
La presentación será oficializada mediante una nota firmada por el ministro santafesino Gustavo Puccini junto a sus pares de Córdoba, Sergio Busso, y de Entre Ríos, Guillermo Bernaudo, en representación del Gabinete Productivo regional.
El pedido central consiste en actualizar un marco regulatorio considerado obsoleto y avanzar hacia la definición de parámetros modernos para el “trigo de especialidad”, que permitan su acondicionamiento bajo estándares de calidad, trazabilidad y homogeneidad destinados a mercados específicos.
La iniciativa cobra especial relevancia tras la cosecha récord estimada en 28 millones de toneladas para la campaña 2025/26, que presenta heterogeneidad en calidad. Sin un sistema de segregación, el grano termina comercializándose al valor del lote de menor calidad.
Más valor agregado y mejores precios
Desde las provincias sostienen que diferenciar el trigo permitiría responder mejor a la demanda de la industria molinera internacional y evitar pérdidas económicas derivadas de vender producción premium como commodity.
El modelo propuesto toma como referencia la experiencia canadiense, donde el trigo diferenciado constituye un pilar estratégico de generación de divisas.
Según estimaciones técnicas respaldadas por la Mesa Nacional del Trigo y la Bolsa de Comercio de Rosario, avanzar hacia esquemas de calidad podría incrementar entre 15% y 20% el ingreso de divisas por tonelada exportada.
Obstáculos normativos y casos concretos
Uno de los principales problemas señalados por el sector es la falta de adecuación normativa para quienes ya trabajan con esquemas de identidad preservada.
Como ejemplo, se mencionó el caso de Molino Matilde SA, especializado en segregación y calidad, que enfrenta exigencias cambiarias y plazos de liquidación incompatibles con la logística de exportación en contenedores.
Estas condiciones generan demoras en el recupero del IVA exportador y afectan el capital de trabajo, limitando inversiones y generación de empleo.
“No es solo una cuestión administrativa; implica menos recursos para invertir y crecer”, explicaron desde la empresa.
Industrializar en origen
La logística basada en identidad preservada —con exportaciones en contenedores y aduana en planta— permitiría garantizar la trazabilidad del producto y abrir oportunidades para exportaciones con mayor valor agregado.
Desde la Región Centro remarcan que el objetivo final es cambiar el paradigma comercial: pasar de vender trigo indistinto a posicionar al país como proveedor de calidades específicas, con mayor integración industrial.
“El futuro del trigo argentino depende de dejar de castigar a quienes invierten en calidad y empleo en el interior productivo”, señalaron desde el gobierno santafesino.
