Clorpirifós bajo la lupa científica: un pesticida agrícola vinculado a mayor riesgo de Parkinson

Durante años fue una herramienta habitual del modelo agrícola intensivo. Hoy, el clorpirifós despierta creciente preocupación científica por su impacto en la salud humana y el ambiente, especialmente por su posible vínculo con enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson.

Un pesticida eficaz, pero con costos ocultos

El clorpirifós se utilizó durante décadas para controlar plagas en cultivos extensivos. Sin embargo, nuevas investigaciones advierten que su eficacia productiva podría tener consecuencias graves fuera del campo. Estudios recientes señalan que la exposición prolongada, incluso a niveles ambientales bajos, puede afectar de manera directa al sistema nervioso.

En particular, se observó que este pesticida daña neuronas dopaminérgicas, claves para el control del movimiento, y desencadena procesos inflamatorios persistentes en el cerebro. Estos mecanismos coinciden con los que caracterizan al Parkinson, una enfermedad neurodegenerativa en crecimiento a escala global.

Parkinson: una enfermedad en expansión

El Parkinson afecta a más de 10 millones de personas en el mundo y su prevalencia aumenta con el envejecimiento de la población. Aunque sus síntomas más visibles son los temblores, la rigidez muscular y la lentitud motora, el origen del problema es más profundo: la pérdida progresiva de neuronas que producen dopamina.

Por esta razón, la identificación de factores ambientales que aceleren ese deterioro neuronal resulta clave para la salud pública y la prevención.

Evidencia científica y exposición cotidiana

La investigación analizó poblaciones que viven o trabajan en zonas agrícolas con uso intensivo de clorpirifós. A partir de datos residenciales y laborales, se reconstruyó una exposición ambiental sostenida en el tiempo.

Luego, mediante modelos animales, se replicaron condiciones similares a las de esa exposición crónica. Los resultados mostraron que el pesticida puede atravesar barreras biológicas y actuar directamente sobre el cerebro, demostrando que la exposición indirecta y cotidiana también representa un riesgo significativo.

Qué sucede en el cerebro

Los análisis revelaron inflamación cerebral persistente y una marcada pérdida de neuronas dopaminérgicas. Además, se detectaron fallas en la autofagia, un proceso esencial de limpieza celular.

Cuando este mecanismo se altera, se acumulan proteínas tóxicas que agravan el daño neuronal. Este patrón es característico del Parkinson, lo que refuerza el vínculo biológico entre la exposición al clorpirifós y la enfermedad.

Impacto social, ambiental y regulatorio

Las personas con exposición residencial prolongada mostraron más del doble de riesgo de desarrollar Parkinson. Este dato reaviva el debate sobre los costos sanitarios y ambientales del modelo agrícola actual.

Más allá de la salud humana, el clorpirifós también afecta insectos benéficos, organismos acuáticos y la biodiversidad del suelo. Reducir su uso podría mejorar la resiliencia de los ecosistemas y proteger a las comunidades rurales.

Prevención y futuro sostenible

El avance del conocimiento científico impulsa la revisión de regulaciones y prácticas productivas. Al mismo tiempo, crece el interés por alternativas agroecológicas y métodos de control biológico de plagas.

Comprender cómo el entorno influye en enfermedades neurodegenerativas permite anticiparse al daño, prevenir riesgos y repensar la relación entre producción de alimentos, ambiente y salud humana.

Compartir