La escalada geopolítica en Medio Oriente podría impactar en el mercado global de lácteos. Irán, uno de los principales exportadores de leche en polvo descremada, es clave para el abastecimiento regional.
La tensión geopolítica en Medio Oriente suma un nuevo foco de preocupación más allá de la energía: el mercado global de alimentos. En particular, analistas advierten que una eventual interrupción en las exportaciones de Irán podría provocar un fuerte impacto en los precios internacionales de los lácteos.
El país se consolidó en los últimos años como un actor clave en la lechería regional y global. En 2025, se posicionó como el cuarto exportador mundial de leche en polvo descremada (LPD), con más de 180.000 toneladas enviadas al exterior, lo que representa un crecimiento del 37,5% interanual.
Además, Irán ocupa un lugar central en el comercio de yogur, donde se ubica como el segundo exportador global. Gran parte de estos envíos se concentran en países vecinos altamente dependientes, como Irak y Pakistán, que absorben una proporción significativa de la producción iraní.
El conflicto en la región pone en riesgo este esquema. Una eventual interrupción en las rutas comerciales o en la capacidad productiva del país podría desencadenar un efecto en cadena en el mercado internacional.
En primer lugar, los países importadores se verían obligados a buscar proveedores alternativos para cubrir su demanda de proteínas lácteas. Esto trasladaría la presión hacia los principales exportadores globales: la Unión Europea, Nueva Zelanda y Estados Unidos.
Este escenario podría derivar en un “shock” de precios, producto de la competencia por un volumen limitado de oferta disponible. El impacto no se limitaría a Medio Oriente, sino que se extendería a otros mercados, incluyendo América Latina y el sudeste asiático.
Los especialistas advierten que Irán dejó de ser un jugador marginal en el comercio lácteo. Su crecimiento sostenido en los últimos años lo convirtió en una pieza clave del sistema global. Por eso, una eventual salida del mercado por razones bélicas generaría un vacío difícil de cubrir en el corto plazo.
Incluso otros exportadores relevantes, como Australia o los países del Mercosur, tendrían limitaciones para compensar rápidamente ese faltante sin generar una mayor volatilidad en los precios.
En este contexto, el conflicto no solo amenaza la estabilidad energética global, sino que también podría trasladar sus efectos a la seguridad alimentaria y al costo de productos básicos en distintos puntos del mundo.
