La dopamina no solo explica por qué compramos. Explica por qué esperamos, por qué deseamos y por qué algunas marcas logran convertirse en ritual. En una economía donde todo compite por nuestra atención, entender este mecanismo invisible ya no es opcional: es estratégico.
La dopamina —neurotransmisor asociado al deseo y la anticipación— se activa antes de la recompensa, no después. Ese instante previo, el “ya casi”, es donde el marketing opera con mayor precisión. Lanzamientos, promociones limitadas, notificaciones o cuentas regresivas no solo informan: estimulan el cerebro humano a anticipar.
Vivimos en una economía dopaminérgica. El scroll infinito, los programas de puntos y la gamificación existen porque mantienen vivo el deseo. Pero esto no ocurre solo en lo digital. También el merchandising trabaja con esta lógica: un producto promocional efectivo no es un objeto, es una promesa de experiencia, pertenencia e identidad futura.
La dopamina explica por qué el deseo muchas veces pesa más que la necesidad.
Sin embargo, cuando todas las marcas buscan generar estímulo inmediato, aparece el riesgo de saturación. Las que perduran no son las que provocan más impulsos, sino las que transforman esa anticipación en significado. No alcanza con despertar deseo; hay que sostener sentido.
La dopamina puede encender el impulso, pero solo el significado convierte una compra en vínculo y una marca en recuerdo.
Walter Camerano
Periodista especializado en Marketing y Ventas
InfoMerch | Difusión Empresarial
