Los científicos anticipan el regreso del fenómeno climático al Pacífico hacia finales del verano, con probabilidades del 50 al 60 %. Aunque su intensidad aún es incierta, el impacto podría sentirse con fuerza en las principales provincias productivas argentinas, donde el régimen de lluvias define la suerte de cada campaña agrícola.
El fenómeno climático conocido como El Niño volvería a desarrollarse en los próximos meses, según el National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA), que estimó entre un 50 % y un 60 % de probabilidades de formación hacia finales del verano. No obstante, los especialistas advierten que la incertidumbre de los modelos aún es considerable.
El Pacífico atraviesa actualmente la fase final de La Niña, caracterizada por aguas más frías en el sector oriental del océano. A medida que este patrón se debilita, el sistema climático tendería a una fase neutra antes de dar paso a un evento de El Niño de desarrollo gradual.
Qué es El Niño y por qué altera el clima global
El Niño es una anomalía climática que se produce cuando los vientos alisios se debilitan o cambian de dirección, permitiendo que una masa de agua cálida acumulada en el Pacífico occidental se desplace hacia el este, frente a las costas de Sudamérica.
Estos eventos ocurren cada tres a siete años y suelen extenderse entre nueve y doce meses. El último episodio, entre 2022 y 2023, fue uno de los principales impulsores de temperaturas globales récord, al liberar calor oceánico hacia la atmósfera.
Según explicó Michelle L’Heureux, responsable del monitoreo de El Niño-Oscilación del Sur en la NOAA, los pronósticos realizados en esta época del año suelen tener menor precisión, por lo que los detalles regionales se irán ajustando en los próximos meses.

El foco en Argentina: lluvias por encima de lo normal y riesgo de excesos hídricos
En Argentina, históricamente El Niño se asocia con mayores precipitaciones en la región pampeana y el Litoral, especialmente durante primavera y verano. Esto implica tanto oportunidades como riesgos para el sector agropecuario.
Las provincias que podrían sentir con mayor intensidad los efectos son:
- Buenos Aires, principal productora de trigo y soja.
- Córdoba, núcleo clave del complejo sojero y maicero.
- Santa Fe, eje agroindustrial y exportador.
- Entre Ríos, con fuerte peso en agricultura y ganadería.
En estos territorios, lluvias por encima del promedio pueden favorecer cultivos si se distribuyen de manera equilibrada. Sin embargo, excesos concentrados pueden generar:
- Inundaciones rurales
- Dificultades en la siembra y cosecha
- Problemas logísticos
- Pérdida de calidad en granos
En campañas anteriores bajo influencia de El Niño, algunas zonas del centro-este del país registraron eventos de precipitaciones extremas y anegamientos prolongados.
Por el contrario, regiones como el NOA y partes de Cuyo pueden experimentar comportamientos más variables, dependiendo de la intensidad final del fenómeno.
Impacto global y contexto de cambio climático
A nivel internacional, los expertos anticipan:
- Tormentas invernales más intensas en el sur de Estados Unidos
- Retrasos en el monzón de India
- Sequías en Australia y el sudeste asiático
- Menor actividad de huracanes en el Atlántico
Además, el contenido de calor en la capa superior del océano alcanzó en 2025 un récord por quinto año consecutivo. Este indicador es clave en el contexto del cambio climático, ya que los océanos almacenan cerca del 90 % del exceso de calor del planeta.
El calentamiento acumulado podría amplificar los efectos de futuros eventos de El Niño, aunque la magnitud exacta del próximo episodio aún no está definida.

Un factor decisivo para la próxima campaña
Para Argentina, el regreso de El Niño representa una variable estratégica. Tras años marcados por sequías asociadas a La Niña, un ciclo más húmedo podría recomponer reservas hídricas y mejorar rindes agrícolas.
Sin embargo, el equilibrio será determinante. En un país donde el complejo agroexportador es central para la generación de divisas, el comportamiento del Pacífico no es solo un dato meteorológico: es un factor económico.
Los próximos meses serán clave para confirmar la evolución del fenómeno y anticipar su impacto en el mapa productivo nacional.
