Estrés abiótico: el factor invisible que explica hasta el 65% de la pérdida de rinde en soja y maíz

En el congreso EnBio realizado en Junín, especialistas nacionales e internacionales advirtieron que el principal responsable de las brechas productivas en Argentina es el estrés abiótico. Temperaturas extremas, radiación, compactación y desequilibrios del suelo afectan silenciosamente hasta la mitad del potencial de los cultivos.

La última edición de EnBio, realizada en Junín, dejó una definición contundente: el mayor enemigo de los rindes no siempre es visible. El estrés abiótico —factores climáticos, físicos y químicos que alteran el funcionamiento de la planta— sería el principal responsable de las brechas productivas en soja y maíz.

Durante dos jornadas técnicas, asesores, investigadores y funcionarios coincidieron en que el estancamiento de rindes y la degradación de suelos tienen una raíz común: estreses ambientales que no se miden con la misma rigurosidad que las plagas o enfermedades.

En la recorrida a campo participaron el director nacional de Agricultura, Jorge Gambale; el ministro bonaerense Javier Rodríguez y el intendente Pablo Petrecca, quienes observaron ensayos comparativos de manejo de estrés en cultivos tratados con distintas tecnologías.


“Perdemos rendimiento sin darnos cuenta”

El ingeniero Sebastián Zuil fue uno de los expositores centrales y dejó una frase que sintetizó el diagnóstico:
“Hacemos entradas exclusivas a los lotes para el control de estreses bióticos, pero no para estreses abióticos y perdemos mucho rendimiento”.

Según explicó, en los últimos siete años aumentó la frecuencia e intensidad de los eventos de estrés ambiental respecto de la base histórica climática. Esto obliga a replantear la elección de cultivares e híbridos con mayor capacidad de compensación, mejor tasa de crecimiento en período crítico y mayor sincronía reproductiva.

Además, sostuvo que aún queda camino por recorrer en el uso de bioestimulantes y reguladores hormonales que permitan anticipar o amortiguar eventos de estrés.


Los microbios, el nuevo NPK

El asesor Wenceslao Tejerina, director de Agroestrategias, fue más allá: estimó que las pérdidas por estrés abiótico pueden alcanzar el 65% del potencial productivo.

Enumeró como factores determinantes:

  • Altas temperaturas
  • Exceso de radiación UV y luminosidad
  • Ozono
  • Sequía y asfixia radicular
  • Heladas y viento
  • Deficiencias nutricionales
  • Salinidad y metales pesados

Su mensaje fue directo: “Durante décadas nos entrenaron para preguntar cuántas bolsas de NPK necesitamos. Hoy la pregunta es cómo liberar los nutrientes que ya están en el suelo. A tu suelo no le faltan nutrientes, le falta vida”.

La microbiología del suelo, según el especialista, es la nueva frontera tecnológica para mejorar eficiencia y resiliencia.


Cambio climático y pérdidas millonarias

El presidente de Acsoja, Rodolfo Rossi, citó estimaciones publicadas por la Nature que proyectan pérdidas globales por efectos del cambio climático cercanas a US$38.000 millones anuales hacia mediados de siglo.

“El aumento de temperaturas provocará una caída significativa en la producción si no adoptamos cultivos tolerantes al calor y la sequía”, advirtió.


Diagnóstico en tiempo real

Uno de los momentos más impactantes fue la presentación del investigador mexicano Prometeo Sánchez García, profesor del Colegio de Postgraduados de México. Con equipos de medición a campo demostró cómo una planta visualmente sana puede estar bajo estrés severo.

“Puede haber agua en el perfil y buenas raíces, pero si los estomas están cerrados la planta no absorbe agua. Los estomas son las bocas de la planta. Una planta que sufre ocho horas de estrés diario no puede rendir al máximo”, explicó.

La medición de conductancia estomática y radiación incidente fue clave para evidenciar pérdidas invisibles.


Compactación: el enemigo bajo los pies

El especialista también abordó la problemática de la compactación, que puede ser:

  • Física: por tránsito reiterado de maquinaria.
  • Química: por acumulación de calcio y formación de “sarro” en el perfil debido a fertilizaciones sucesivas con fosfatos o azufrados.
  • Biológica: por deterioro de la estructura y pérdida de actividad microbiana.

Incluso señaló que el impacto de la lluvia genera compactación natural.

Como estrategia, recomendó aplicar primero ácidos orgánicos para mejorar la estructura y luego micronutrientes, ya que estos no pueden actuar eficazmente en suelos compactados.


Un cambio de enfoque

La conclusión de EnBio fue clara: si el país quiere cerrar brechas productivas y recuperar suelos degradados, debe poner el estrés abiótico en el centro de la agenda técnica.

El desafío no pasa solo por más fertilizante o mayor tecnología genética, sino por comprender cómo interactúan clima, suelo y fisiología vegetal en escenarios cada vez más extremos.

Lo invisible, advirtieron los especialistas, es hoy lo que más rinde… o lo que más se pierde.

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