Con una faena que volvió a ubicarse por encima de los 13,6 millones de cabezas en 2025 y un stock bovino sin señales claras de expansión, la ganadería argentina enfrenta el desafío de aumentar la producción de carne mejorando la eficiencia productiva y los kilos obtenidos por animal.
Superadas las restricciones climáticas de años anteriores, se esperaba que 2025 marcara el inicio de una fase de retención del rodeo bovino. Sin embargo, los datos oficiales muestran que la faena alcanzó 13,6 millones de cabezas, lo que implicó una reducción interanual de apenas 2,5%, un nivel todavía elevado en relación con la capacidad de reposición del stock.
Un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) señala que, con un número de terneros nacidos que se mantiene entre 14,5 y 15 millones de cabezas anuales, los ingresos al sistema representan como máximo el 28% del stock total. En este contexto, una tasa de extracción del 26% o 27%, sumada a la mortandad natural del rodeo —que puede ubicarse entre 1% y 3%— conduce a un balance claramente deficitario.
El verdadero desafío, entonces, no pasa únicamente por reducir la faena, sino por generar las condiciones para sostener —o incluso elevar— la tasa de extracción sin comprometer el rodeo nacional. Países como Estados Unidos y Australia operan con tasas cercanas al 35%, gracias a mayores índices de procreo y destete, y a una productividad superior por animal enviado a faena.
