Las fuertes diferencias de temperatura entre la noche y el día marcan el pulso del desarrollo agrícola. La amplitud térmica registrada en los últimos días genera efectos contrastantes en la soja de segunda y el maíz, dos cultivos estratégicos para la producción nacional, según el análisis del Mauro Rosso.
Las mañanas frescas y las tardes con temperaturas elevadas configuran un escenario climático que impacta directamente en los cultivos. En el caso de la soja de segunda, estas condiciones pueden provocar una desaceleración en su crecimiento. Las temperaturas bajas durante la noche enlentecen los procesos fisiológicos, sin generar daños severos, pero sí retrasos en el desarrollo vegetativo.
Este comportamiento no depende únicamente del termómetro. Factores como la disponibilidad de humedad en el suelo y la radiación solar juegan un rol clave para que el cultivo logre compensar esos momentos de menor actividad metabólica. Por eso, los escenarios de temperaturas más moderadas y estables suelen ser los más favorables para la soja.
El maíz, en cambio, responde de manera más positiva a la amplitud térmica, especialmente cuando atraviesa la etapa de llenado de grano. Días soleados con máximas cercanas a los 30 grados y noches más frescas favorecen la acumulación de materia seca y mejoran el rendimiento potencial. No obstante, cuando las temperaturas superan ese umbral y se aproximan a los 35 grados, el cultivo comienza a mostrar signos de estrés, sobre todo si se combina con déficit hídrico.
Reflexiones finales
De cara a los próximos días, el desafío para los productores será monitorear de cerca la evolución climática. La amplitud térmica, bien acompañada por lluvias oportunas, puede transformarse en una aliada clave para el maíz. En la soja, en cambio, será fundamental sostener buenas condiciones de humedad y evitar escenarios de frío prolongado que limiten su crecimiento.
En este contexto, la gestión agronómica y el seguimiento constante de los lotes se vuelven determinantes para aprovechar las condiciones favorables y minimizar riesgos. Si el clima se mantiene dentro de rangos tolerables y se suman precipitaciones, el panorama productivo se presenta alentador.

