Un convenio entre el CONICET, COVIAR y la Sociedad Rural Argentina busca transformar la industria del vino mediante una innovadora herramienta para medir la huella de carbono, fortaleciendo la producción sostenible y el vínculo entre ciencia y sector productivo.
En un paso clave hacia una producción más sostenible, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR) y la Sociedad Rural Argentina (SRA) firmaron un acuerdo estratégico para desarrollar una herramienta que permitirá calcular el balance de carbono en la vitivinicultura.
La iniciativa tiene como objetivo mejorar y ampliar una calculadora ya existente que mide el uso de agua y emisiones de carbono en el sector. Con esta actualización, productores y bodegas podrán acceder a información más precisa para optimizar sus procesos y reducir su impacto ambiental.
El proyecto estará liderado por especialistas del CONICET, quienes trabajarán en el desarrollo técnico y científico del sistema. Esta herramienta permitirá evaluar tanto la huella de carbono de productos específicos como de organizaciones completas, brindando una visión integral del impacto ambiental de la actividad vitivinícola.
Desde las instituciones participantes destacan que este tipo de articulación entre el sistema científico y el sector productivo es fundamental para enfrentar los desafíos actuales. La sostenibilidad ya no es una opción, sino una necesidad para competir en mercados internacionales cada vez más exigentes.
Además, el acuerdo abre la puerta a nuevas líneas de investigación, incluyendo la incorporación de indicadores sociales que complementen los análisis ambientales. Esto permitiría avanzar hacia modelos de producción más responsables y alineados con estándares globales.
En paralelo a la firma del convenio, autoridades del CONICET recorrieron centros de investigación en Mendoza, donde se desarrollan estudios clave en veterinaria, ambiente y salud. Estos espacios reflejan el crecimiento del conocimiento aplicado en la región y su impacto directo en el desarrollo productivo.
La vitivinicultura argentina, reconocida mundialmente, enfrenta el desafío de adaptarse a un contexto donde la trazabilidad ambiental es cada vez más relevante. En este escenario, la ciencia aparece como una aliada estratégica para garantizar calidad, competitividad y sostenibilidad.
Este acuerdo no solo representa un avance tecnológico, sino también un cambio de paradigma: producir mejor, con menor impacto y mayor conciencia. Una señal clara de que el futuro del vino argentino también se construye con conocimiento.
