La inflación futura divide a la sociedad y erosiona la confianza económica

Un nuevo informe del CIF-UTDT revela una creciente brecha social en las expectativas de inflación: los hogares de menores ingresos prevén subas de precios mucho más elevadas que los sectores de mayor poder adquisitivo, un dato que expone tensiones de confianza sobre el rumbo económico.

Las expectativas de inflación volvieron a aumentar en diciembre de 2025 y lo hicieron de manera desigual entre los distintos estratos sociales. Según el último reporte del CIF-UTDT, los hogares de menores ingresos proyectan una inflación anual promedio del 37,5%, frente al 32,4% estimado por los hogares de mayores ingresos. La diferencia no solo es estadística: refleja una brecha de percepción que tiene implicancias directas sobre el consumo, el ahorro y la estabilidad macroeconómica.

En términos mensuales, el deterioro fue más marcado en los sectores vulnerables. En ese grupo, el promedio de inflación esperada subió casi seis puntos porcentuales respecto de noviembre, mientras que la mediana pasó del 25% al 30%. Entre los hogares de mayores ingresos, el aumento fue más moderado, aunque también significativo.

El dato permite inferir una mayor desconfianza relativa de los sectores de menores recursos frente a los pronósticos oficiales. El presidente Javier Milei reiteró en distintas declaraciones públicas que la inflación comenzará a ubicarse en torno a cero hacia agosto de 2026. Sin embargo, las expectativas relevadas muestran que una parte importante de la población no internaliza aún ese escenario.

Desde el punto de vista regional, el Interior del país aparece como el más optimista, con una inflación esperada promedio del 32,6%, por debajo del Gran Buenos Aires (36,3%) y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (35,0%). No obstante, en todas las regiones se registraron incrementos respecto de noviembre, lo que confirma un deterioro generalizado del clima de expectativas.

El relevamiento se basa en una encuesta nacional de mil casos realizada por Poliarquía en grandes centros urbanos, incluyendo Santa Fe y Rosario. El muestreo es representativo de CABA, GBA y el Interior, y constituye una referencia clave para analizar el humor económico de los hogares.

Desde una mirada económica, la persistencia de expectativas inflacionarias elevadas —especialmente entre los sectores de menores ingresos— puede actuar como un ancla negativa para la desaceleración de precios, ya que condiciona decisiones de consumo y negociación salarial. La brecha social de expectativas se convierte así en un desafío adicional para la política económica, que no solo debe reducir la inflación efectiva, sino también reconstruir credibilidad.

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