La falta de lluvias y las altas temperaturas durante enero agravaron el estrés hídrico en los cultivos estivales de La Pampa. El maíz temprano y el girasol son los más afectados, con pérdidas de potencial y lotes destinados a forraje, según el último informe de la Bolsa de Cereales de Córdoba.
La campaña estival 2025/26 en La Pampa atraviesa un escenario complejo debido a la persistencia de altas temperaturas y la escasez de precipitaciones, factores que durante enero profundizaron el estrés hídrico y térmico en la mayoría de los cultivos.
De acuerdo con el último relevamiento de la Bolsa de Cereales de Córdoba, la siembra estival finalizó durante la primera quincena de enero, con los cultivos ya implantados pero mostrando un marcado contraste entre regiones, fechas de siembra y ambientes productivos.
Si bien el inicio de la campaña permitió un arranque aceptable, las lluvias fueron desparejas y las reservas de humedad se mantuvieron ajustadas en amplios sectores. Esta situación se agravó durante enero, cuando la continuidad del calor y la falta de agua generaron un deterioro generalizado del estado de los cultivos, con un aumento de los lotes en condición regular y mala.
Hacia el cierre del período relevado se registraron precipitaciones más generalizadas que comenzaron a recomponer la disponibilidad hídrica. No obstante, los aportes resultaron insuficientes para revertir el cuadro de estrés, con respuestas desiguales según el cultivo, el ambiente y el manejo.
El maíz temprano es el cultivo más comprometido, ya que atravesó su período crítico bajo condiciones de fuerte déficit hídrico. En numerosos lotes se registraron pérdidas importantes de potencial e incluso se decidió destinarlos a consumo forrajero o ensilaje. En contrapartida, los maíces tardíos presentan un mejor estado general, aunque su evolución dependerá de nuevas lluvias.
En girasol, la situación es heterogénea. Los lotes de siembras tempranas muestran mayores niveles de afectación, con desuniformidad y variaciones en el tamaño de los capítulos, especialmente en suelos más restrictivos. Los mejores desempeños se observan en zonas de mayor productividad o donde las lluvias resultaron oportunas.
La soja temprana y el maní transitan etapas de floración y se aproximan a su período crítico, con una situación dispar entre regiones. La soja de primera es la más afectada, mientras que parte de la soja de segunda mostró una leve mejora tras las lluvias recientes, aunque sigue dependiendo de nuevos aportes. El sorgo, por su parte, permanece mayormente en estado vegetativo, pero con un deterioro visible del estado general
