Mientras la inflación general se desacelera, la carne vacuna sigue encabezando las subas de precios. El fuerte aumento del ganado en pie ya comenzó a trasladarse al mostrador y la cadena industrial y comercial advierte que no puede absorber nuevos incrementos, en un contexto que profundiza la informalidad y pone en riesgo a los frigoríficos regionales.
En noviembre, el kilo de carne vacuna en el mostrador promedió los 13.765 pesos, muy por encima de sus principales sustitutos. En el mismo período, el cerdo se ubicó en 7.760 pesos y el pollo en 3.813 pesos, con una dinámica de aumentos sensiblemente menor. De hecho, la velocidad de suba del vacuno duplicó la registrada por estas proteínas alternativas.
Pese a los fuertes incrementos ya observados, el sector advierte que la carne aún tiene margen para seguir subiendo. Actualmente existe una brecha de alrededor de 20 puntos porcentuales entre el aumento del precio del producto final y el de la hacienda en pie, lo que anticipa nuevas presiones sobre el mostrador.
Desde la industria frigorífica y el sector de los matarifes coinciden en que la cadena ya no tiene capacidad para absorber más aumentos del ganado, situación que también alcanza a las carnicerías. Este escenario está profundizando un problema estructural que la Federación de Industrias Frigoríficas Regionales Argentinas (FIFRA) viene señalando desde hace tiempo: el avance de la informalidad sanitaria, fiscal, laboral y comercial, que genera una competencia desleal frente a los establecimientos que cumplen con todas las exigencias legales y sanitarias.
