Tras la presión de gobiernos e industria, la Unión Europea da marcha atrás en su plan de emisiones cero y permitirá una reducción del 90% de CO₂, una decisión que divide a los países miembros y al sector automotor mientras China acelera su liderazgo eléctrico.
La Comisión Europea decidió suavizar la prohibición de vender coches con motor de combustión a partir de 2035, un pilar clave del Pacto Verde. En lugar de exigir emisiones nulas, el nuevo marco propone que los fabricantes alcancen un recorte del 90% en las emisiones de CO₂, habilitando así una presencia limitada de híbridos enchufables, combustibles sintéticos y, en menor medida, motores tradicionales.
Desde Bruselas defienden la medida como un equilibrio entre ambición climática y competitividad industrial, mientras que críticos advierten que el cambio introduce incertidumbre regulatoria y puede frenar la electrificación del parque automotor europeo. El transporte sigue siendo el único sector donde las emisiones no bajan, y los automóviles concentran más del 60% del total.
El giro llega en un contexto global desafiante: China avanza a mayor velocidad en la adopción del vehículo eléctrico y amplía la brecha tecnológica. Con este nuevo enfoque, la UE busca sostener inversiones y empleo sin abandonar su meta de neutralidad climática en 2050, aunque el debate sobre el costo ambiental y estratégico de la flexibilización recién comienza.
