Un intenso enjambre sísmico sacudió la alta cordillera entre Chile y Argentina. Aunque no hay señales de erupción, el episodio reactivó la vigilancia científica sobre uno de los volcanes activos más observados de los Andes centrales.
Un fenómeno llamativo, pero esperado
Entre las 21 y las 23 horas del domingo 1 de febrero, se registraron 230 sismos en las inmediaciones del Volcán Tupungatito, un volcán activo ubicado en plena Cordillera de los Andes, cerca del límite entre Chile y Argentina.
Este tipo de evento, conocido como enjambre sísmico, ocurre cuando muchos temblores pequeños se concentran en poco tiempo y en una misma zona. En regiones volcánicas, suele estar asociado al movimiento de fluidos o reajustes internos del sistema volcánico.
Alerta verde y monitoreo permanente
El aumento de la sismicidad activó protocolos binacionales de seguimiento, especialmente en la comuna chilena de San José de Maipo, la más cercana al área del volcán. Sin embargo, los especialistas no detectaron cambios en la superficie, emisiones de gases ni deformaciones del terreno.
Por ese motivo, el nivel de alerta técnica se mantiene en verde, lo que indica que el volcán presenta un comportamiento normal dentro de su condición de activo.
Un volcán pequeño, pero estratégico
El Tupungatito alcanza los 5.603 metros de altura y se encuentra a pocos kilómetros del imponente Volcán Tupungato. Aunque figura en el último lugar del ranking de volcanes de mayor riesgo, su entorno glaciar y su historial eruptivo lo convierten en un punto clave de observación científica.
Su actividad pasada incluye erupciones moderadas, con lava y cenizas que incluso alcanzaron territorio argentino a fines de la década de 1950.
Ciencia, prevención y naturaleza andina
Los enjambres sísmicos no implican necesariamente una erupción inminente, pero funcionan como “mensajes” del interior de la Tierra. Analizarlos permite anticipar escenarios y proteger tanto a las poblaciones como a ecosistemas sensibles, como glaciares y cuencas hídricas de montaña.
En un contexto de cambio climático y retroceso glaciar, la vigilancia volcánica se vuelve una herramienta clave para convivir de forma informada con la dinámica natural de los Andes.
