El mate no es un objeto. Es un ritual cotidiano profundamente argentino que atraviesa generaciones, territorios y clases sociales. No se exhibe, se comparte. No se consume rápido, se sostiene en el tiempo. Y justamente por eso, en los últimos años, las marcas y las empresas comenzaron a mirar al mate no como un simple soporte promocional, sino como un territorio cultural al que vale la pena pertenecer.
En un contexto donde la publicidad tradicional suele perder impacto en poco tiempo y la atención es cada vez más esquiva, el mate representa todo lo contrario: pausa, cercanía, confianza y conversación. No hay algoritmo en la ronda. Hay personas, amigos, compañeros, amores. Por eso, cuando una empresa decide vincularse con la cultura matera, no está eligiendo un producto más de merchandising; está ingresando a un código simbólico profundamente arraigado en la vida real.

El merchandising asociado al ritual del mate funciona cuando no solo busca ser un obsequio más, sino cuando empieza a acompañar. Un mate, una bombilla, un termo o una matera bien pensados no actúan solamente como regalos, sino como obsequios de uso cotidiano que se integran naturalmente a la rutina. Allí ocurre algo clave: la marca comienza a convivir. No se impone, se suma.
No es casual que muchas empresas, especialmente ligadas al agro, la industria, la producción y los servicios, encuentren en el mate un puente simbólico potente. El mate representa trabajo compartido, esfuerzo colectivo, charla franca, largas noches estudiando y fundamentalmente pertenencia. Une el campo y la ciudad, lo tradicional y lo contemporáneo, lo productivo y lo emocional. Y exige, al mismo tiempo, una lectura fina: el ritual no admite exageraciones ni protagonismos forzados.
Las mejores piezas de merchandising matero entienden esto. Son sobrias, funcionales, durables. Priorizar el uso real por sobre el logo, el diseño por sobre el impacto inmediato y el significado por sobre la cantidad es una decisión estratégica. Porque en el mate, si la marca molesta, queda afuera de la ronda.

Un objeto promocional común tiene vida corta. Un mate bien diseñado puede durar años, pasar de mano en mano y convertirse en parte de la historia cotidiana de una persona. Ahí el merchandising deja de ser soporte y se transforma en vínculo. La marca ya no se recuerda por lo que regalo, sino por el momento que acompañó.
Las marcas que entienden el ritual del mate no buscan visibilidad: buscan pertenencia. Porque en la ronda del mate, como en el marketing, no se trata de hablar más fuerte, sino de saber cebar el próximo.
Walter Camerano
Periodista especializado en Marketing y Ventas
Para InfoMerch – Difusión Empresarial
