Menos urea, más raíces y mayor vigor: bacterias que cambian la nutrición del maíz

Ensayos comparativos muestran que el tratamiento biológico de semillas con bacterias fijadoras de nitrógeno y solubilizadoras de nutrientes puede mejorar el desarrollo del maíz incluso con menores dosis de urea, reduciendo costos y fortaleciendo el sistema radicular del cultivo.

Un ensayo a simple vista desconcierta, pero explica una transformación profunda en la forma de nutrir al maíz. Tres hileras, distintas dosis de urea y un resultado inesperado: la planta más desarrollada no es la que recibió mayor cantidad de fertilizante nitrogenado, sino la que fue tratada con bacterias benéficas aplicadas a la semilla.

La experiencia parte de un híbrido único, sembrado con distintas estrategias de nutrición. Mientras una línea recibió hasta 250 kilos de urea por hectárea, otra fue implantada con una dosis menor de fertilizante, pero con tratamiento biológico a base de Bacillus subtilis y una bacteria en desarrollo que promete ser protagonista de la campaña fina 2026: Gluconacetobacter diazotrophicus.

Bacterias que complementan al nitrógeno químico

Lejos de plantear una sustitución total de la urea, los técnicos explican que el objetivo es complementar de manera eficiente uno de los insumos más costosos del cultivo de maíz, que representa entre el 40 y el 50% de la inversión total.

El Bacillus subtilis cumple un rol clave al solubilizar nutrientes presentes en el suelo, facilitando su absorción y promoviendo un mayor crecimiento radicular. A su vez, el Gluconacetobacter diazotrophicus aporta fijación biológica de nitrógeno atmosférico, incorporando una fuente adicional de este nutriente esencial directamente al sistema de la planta.

Más raíz, más tolerancia al estrés

La diferencia se observa claramente bajo tierra. Las plantas tratadas con bacterias desarrollan un sistema radicular más voluminoso y profundo, lo que se traduce en mayor altura aérea y mejor anclaje al suelo.

En contraste, las plantas que reciben altas dosis de urea desde la siembra tienden a desarrollar raíces más pequeñas. “Cuando el nutriente se entrega servido, la planta explora menos”, explican los especialistas. Esto no solo limita el crecimiento radicular, sino que reduce la tolerancia a situaciones de estrés hídrico y debilita los mecanismos de defensa natural del cultivo.

Menor costo y mejor eficiencia

Desde el punto de vista productivo, el enfoque biológico abre la puerta a una estrategia más eficiente y sustentable. Al estimular la exploración del suelo y la búsqueda activa de nutrientes y agua, el cultivo gana resiliencia frente a condiciones adversas y permite optimizar el uso de fertilizantes tradicionales.

Con la mirada puesta en la próxima campaña, los ensayos a campo buscarán validar estos resultados en escala productiva, en un contexto donde cada kilo de urea cuenta y la eficiencia nutricional se vuelve una variable clave para el productor.

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