Metales preciosos en 2026: ¿es hora de salir del dólar colchón?

Mientras millones de ahorristas siguen refugiándose en dólares físicos como reserva de valor, los metales preciosos entran en 2026 con pronósticos explosivos. Oro, plata, platino y paladio prometen rendimientos históricos, pero también advierten sobre riesgos crecientes. ¿Conviene seguir confiando en el billete verde o diversificar hacia activos no fiduciarios?

Durante décadas, el “dólar colchón” fue el refugio preferido frente a la inflación, la devaluación y la incertidumbre macroeconómica. Sin embargo, el escenario global está cambiando. La política monetaria expansiva, el aumento del endeudamiento público y las tensiones geopolíticas están erosionando la confianza en las monedas fiduciarias, incluso en el dólar estadounidense.

En este contexto, los metales preciosos vuelven al centro de la escena. Según la última Encuesta Anual de Pronósticos de Metales Preciosos 2026 de la LBMA, los principales analistas del mundo proyectan nuevos máximos históricos para todo el complejo: oro por encima de los 6.000 dólares —con escenarios extremos que superan los 7.000—, plata rumbo a los 160 dólares y fuertes subas en platino y paladio.

Para el pequeño y mediano ahorrista, el mensaje es claro: guardar dólares ya no implica necesariamente preservar poder adquisitivo. Si bien el billete sigue siendo un activo líquido y aceptado globalmente, su rendimiento real es cada vez más cuestionado frente a activos escasos, tangibles y no manipulables por los bancos centrales.

El oro continúa consolidándose como el principal refugio frente a crisis sistémicas. La compra sostenida por parte de bancos centrales, la expectativa de tasas reales más bajas en Estados Unidos y la creciente fragmentación del sistema financiero internacional refuerzan su atractivo. No obstante, los analistas advierten que los precios elevados pueden generar correcciones bruscas si cambia el humor del mercado.

La plata, por su parte, suma un diferencial clave: demanda industrial estructural vinculada a la electrificación, la inteligencia artificial y la transición energética. Para quienes buscan diversificación con mayor potencial —y mayor volatilidad—, aparece como una alternativa intermedia entre refugio y apuesta de crecimiento.

Platino y paladio completan el menú para perfiles más sofisticados. Su desempeño dependerá de la oferta minera, el reciclaje y la evolución de la industria automotriz, especialmente frente al avance de los vehículos eléctricos.

La conclusión no es abandonar el dólar, sino dejar de depender exclusivamente de él. En un mundo más volátil, diversificar hacia activos no fiduciarios puede funcionar como cobertura frente a eventos extremos, siempre entendiendo que ningún refugio está exento de riesgos.

Por Pablo Moro para Difusión Empresarial

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