El crecimiento de Pix transformó la forma de pagar en Brasil, pero también abrió la puerta a nuevas estafas contra turistas. En el verano 2026, el llamado Golpe da Maquininha se consolida como el fraude más común, basado no en hackeos, sino en engaños rápidos que aprovechan la distracción vacacional.
Brasil vive una revolución financiera desde el lanzamiento de Pix en 2020. En solo cinco años, el sistema superó los 42 mil millones de transacciones anuales y hoy representa cerca del 30% de los pagos del país. Para turistas argentinos, Pix es especialmente atractivo: permite pagar en reales de forma inmediata desde aplicaciones como Mercado Pago, Modo o Ualá, evitando comisiones altas y el sobrecosto del dólar tarjeta.
Sin embargo, el verano 2026 trajo una amenaza creciente: el Golpe da Maquininha. La estafa se apoya en terminales de pago portátiles utilizadas por vendedores informales en playas y zonas turísticas. El mecanismo es simple: se ofrece un producto barato, se genera un QR por Pix y, mediante distracciones breves, el estafador modifica el monto antes de que el turista confirme el pago. El débito es inmediato e irreversible en pocos segundos.
El fraude funciona porque Pix prioriza la velocidad y porque muchas “maquininhas” no exigen validaciones adicionales. A esto se suma el choque cultural, el idioma y la relajación propia de las vacaciones. Además del Golpe da Maquininha, se detectaron QR falsos que redirigen a software malicioso, mensajes de soporte bancario apócrifo por WhatsApp y terminales con pantallas dañadas de forma intencional.
Especialistas recomiendan extremar precauciones: verificar siempre el monto en la pantalla, no entregar el celular, usar billeteras con saldo limitado y desconfiar de promociones improvisadas. En caso de estafa, es clave actuar rápido, realizar la denuncia policial y contactar de inmediato al soporte de la aplicación para activar los mecanismos de reclamo del Banco Central de Brasil.
Pix sigue siendo un medio de pago seguro y eficiente, pero el verano brasileño 2026 exige atención constante. La tecnología no elimina el riesgo cuando el fraude se apoya en el factor humano.
