El pronóstico climático trimestral del Servicio Meteorológico Nacional anticipa que, hasta abril, se mantendrán las altas temperaturas y lluvias normales o por debajo de la media en gran parte de la región agrícola, un escenario que suma presión sobre los cultivos de la campaña gruesa.
En la zona núcleo, el clima se convirtió en una preocupación diaria. Cada mañana, los productores revisan las aplicaciones meteorológicas esperando alguna lluvia que permita recomponer perfiles hídricos en una campaña que había comenzado con muy buenas expectativas, pero que hoy está en duda tras un enero marcado por la sequía.
Las tormentas pasan cerca, pero el agua no llega. Mientras tanto, cada día se suman más lotes de soja y maíz que empeoran su estado general. A la falta de precipitaciones se le agregan temperaturas elevadas —habituales para la época— que incrementan el estrés de los cultivos cuando las reservas de humedad son escasas.
El panorama no mejora a mediano plazo. Según el pronóstico climático trimestral del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), el período febrero-marzo-abril mantendría la tendencia actual, con lluvias limitadas y temperaturas por encima de los valores normales en buena parte del país.
En cuanto a precipitaciones, el informe del SMN indica que el centro de Buenos Aires, La Pampa y el centro y norte de la Patagonia tienen mayor probabilidad de registrar lluvias normales o inferiores a lo normal. Esto afecta especialmente a zonas que ya vienen golpeadas por la sequía. En Córdoba, una provincia clave para la producción de maíz y soja, no hay una señal clara, lo que refleja una alta incertidumbre climática.
Respecto a las temperaturas, se espera que gran parte del Litoral, el norte del país, Cuyo, Córdoba y Santa Fe registren valores superiores a lo normal. En el norte de Buenos Aires y La Pampa, las temperaturas se ubicarían entre normales y superiores, lo que podría seguir condicionando la evolución de los cultivos.
Con este escenario, los especialistas recomiendan seguir de cerca la evolución del clima y ajustar las decisiones de manejo, ya que el estrés térmico e hídrico continuará siendo un factor clave en la definición de los rindes.
