A cuatro meses de iniciado el ciclo comercial 2025/26, las exportaciones de soja de Estados Unidos muestran un fuerte rezago. Con compromisos 45% inferiores al año pasado y un mercado pendiente de China, crecen las dudas sobre la capacidad de cumplir las proyecciones oficiales del USDA.
El avance de la campaña comercial 2025/26 de la soja estadounidense deja señales de alerta. Al 1 de enero, los compromisos de exportación de soja de Estados Unidos totalizaban 16,4 millones de toneladas, según el último reporte del Departamento de Agricultura de EE.UU. (USDA), un volumen 45% inferior al registrado en la misma fecha del ciclo anterior.
Este ritmo lento de ventas pone en cuestión la posibilidad de alcanzar la estimación oficial de exportaciones, que el USDA proyecta en 44,5 millones de toneladas para toda la campaña. Sin una reactivación sostenida de las compras por parte de China, principal importador mundial, ese objetivo aparece cada vez más difícil de cumplir.
China, el factor decisivo
El mercado internacional sigue de cerca el vínculo comercial entre Estados Unidos y China. En las últimas semanas, los futuros de soja en el CME Group de Chicago reflejaron la incertidumbre de los operadores: jornadas de subas cuando crece la expectativa de embarques a China y caídas cuando predomina el escepticismo.
Este lunes, los precios mostraron una recuperación, lo que sugiere que los operadores más optimistas ganaron la rueda. Sin embargo, la volatilidad persiste y el escenario sigue marcado por factores geopolíticos y comerciales, incluidos posibles movimientos estratégicos de la administración estadounidense.
Subsidios y un mercado tensionado
Para contener la presión sobre el mercado interno, el USDA aplicará durante 2025 una ayuda extraordinaria de 76 dólares por hectárea para la soja, a lo que se suman los programas de apoyo habituales. Este esquema permitirá regular el flujo de ventas del poroto, aunque no resuelve el problema de fondo: la soja deberá exportarse en algún momento para evitar acumulación de stocks.
A esto se suma otro factor clave: el alto valor FOB de la soja estadounidense en el Golfo de México, impulsado por la fuerte demanda de la industria aceitera local. El crecimiento del sector de biodiésel requiere mayores volúmenes de poroto, lo que encarece la oferta exportable y resta competitividad frente a Sudamérica.
Maíz, la contracara positiva
En contraste, el desempeño exportador del maíz estadounidense muestra un panorama muy distinto. Al 1 de enero, los compromisos comerciales alcanzaban 26,8 millones de toneladas, un volumen 65% superior al del mismo período de la campaña anterior, consolidando al cereal como el producto estrella de EE.UU. en los mercados internacionales.
