Del campo al patio urbano: una empresa bonaerense impulsa la cría de gallinas en libertad como alternativa de autosustento, educación y producción consciente. Los modelos hogareños arrancan en $500.000 y la demanda no para de crecer.
La búsqueda de alimentos más sanos, trazables y producidos de forma consciente dio lugar a una tendencia que crece con fuerza en la Argentina: la cría de gallinas en patios y jardines familiares. En ese contexto, una Pyme del interior bonaerense logró convertir una idea simple en un fenómeno productivo y cultural.
Se trata de Metalúrgica Don Demetrio, una empresa radicada en Carlos Casares que diseñó gallineros móviles pensados tanto para pequeños productores como para familias urbanas que buscan producir sus propios huevos en casa.
Bajo el liderazgo de Luis Gómez Llambi, la firma dio un giro estratégico tras la pandemia y hoy fabrica entre 10 y 15 unidades mensuales, con entregas comprometidas en todo el país. Los gallineros ya superaron en ventas a los productos metalúrgicos tradicionales que la empresa fabricó durante dos décadas.
El sistema es sencillo pero innovador: un refugio metálico con ruedas que se traslada periódicamente sobre el terreno. Las gallinas duermen y ponen huevos allí, pero durante el día pastorean libremente dentro de un cerco perimetral. Este movimiento constante permite fertilizar el suelo, regenerar el pasto y mejorar de manera visible la calidad del huevo.
“El animal está suelto, la tierra se recupera y las personas se vinculan de otra forma con lo que comen. Eso es triple impacto real”, explica Gómez Llambi. La diferencia se nota al abrir el huevo: claras más firmes, yemas intensas y un perfil nutricional superior al del huevo industrial.
La empresa ofrece dos modelos hogareños: uno para entre tres y seis gallinas, ideal para una familia tipo, y otro para hasta diez gallinas, pensado para quienes comparten producción con vecinos o familiares. Ambos se entregan desarmados, incluyen nidos, perchas, comederos y un sistema que facilita la recolección limpia de los huevos.
El precio de entrada ronda los $500.000, mientras que los modelos productivos para 100 gallinas comienzan en $2,7 millones. El manejo diario es simple y el impacto educativo es uno de los grandes diferenciales. “El chico que va a buscar el huevo entiende de dónde sale la comida. Eso genera un cambio profundo”, señalan desde la empresa.
Así, lo que nació como una solución productiva rural hoy se consolida como una alternativa concreta para familias urbanas que buscan autosustento, conciencia ambiental y alimentos de calidad, sin resignar bienestar animal ni simplicidad operativa.
