Tras una década de prohibición, el Ayuntamiento de Valencia autorizó nuevamente la instalación de un circo con animales durante las fiestas navideñas, una decisión que generó críticas políticas y sociales y volvió a poner en discusión el impacto de estos espectáculos sobre el bienestar animal.
La decisión del gobierno municipal de Valencia de permitir el regreso del circo con animales marca un cambio significativo en la política local de protección animal vigente desde 2015. La autorización otorgada al Circo de Nadal, que se instalará en la avenida Levante UD, está sujeta al cumplimiento de una serie de condiciones administrativas y normativas, cuyo incumplimiento podría derivar en la suspensión inmediata de la actividad.
Desde el punto de vista regulatorio, el consistorio estableció límites explícitos al uso de determinadas especies. La exclusión de cocodrilos y serpientes responde a la normativa actual y evidencia un intento de compatibilizar la actividad circense con estándares mínimos de control. No obstante, la calificación oficial de estas exigencias como “condiciones menores” generó cuestionamientos sobre su alcance real en la protección del bienestar animal.
El impacto de los animales en espectáculos circenses es uno de los ejes centrales del debate. Diversas organizaciones y especialistas en conservación sostienen que el traslado constante, el confinamiento en espacios reducidos y el entrenamiento para actuaciones no naturales pueden provocar estrés, alteraciones conductuales y deterioro de la salud física y psicológica de los animales. En este contexto, la oposición política interpreta la decisión como un retroceso frente a los consensos alcanzados en años anteriores, cuando Valencia se alineó con otras ciudades europeas que optaron por prohibir este tipo de prácticas.
Desde el ámbito político, concejales de Compromís y del PSPV cuestionaron la medida por considerar que contradice acuerdos municipales previos y desatiende la evolución social en materia de derechos animales. Las críticas también apuntan al mensaje educativo que se transmite a la infancia al normalizar el uso de animales con fines de entretenimiento, en un momento en el que crece la promoción de espectáculos alternativos sin animales.
Por otro lado, el gobierno municipal argumenta que la autorización busca recuperar una tradición asociada a las celebraciones navideñas, bajo un esquema de control y supervisión. En este sentido, el cumplimiento estricto de las condiciones impuestas al circo será determinante para evaluar el impacto real de la medida y su coherencia con las políticas de bienestar animal.
La controversia deja en evidencia una tensión de fondo entre tradición, regulación y nuevas sensibilidades sociales. El regreso del circo con animales a Valencia no solo plantea interrogantes sobre el trato a los animales utilizados en estos espectáculos, sino que también reabre un debate más amplio sobre el modelo cultural y educativo que las ciudades eligen promover en el espacio público.
